El color púrpura, por Alice Walker



Hace más de una década que mi madre me propuso ver juntas "El color púrpura", una película de Steven Spielberg basada en una novela de Alice Walker. "Te va a encantar", me dijo ella. Y así fue.
No ha sido hasta hace un par de semanas que me he aventurado a leer el libro (buen regalo de Navidad, gracias mamá) y a adentrarme en su increíble historia.

Ambientada a principios del siglo XX, en Estados Unidos, en "El color púrpura" nos encontramos con la historia de Celie, narrada a modo de cartas, podemos ver la evolución de su vida desde la edad de catorce años hasta su madurez.
La vida de Celie no es fácil, como recoge un pasaje del libro se reduce a una simple definición "Mírtate. Eres negra, eres pobre, eres fea, eres una mujer. Vamos, que no eres nada." Y como tal, está condenada a sufrir una vida llena de miserias en un entorno hostil y patriarcal en el que carece de derechos.
Una vida marcada por las violaciones, el luto, el trabajo duro, la separación de los seres queridos hacen de Celie una mujer dedicada a las labores de un hogar que no siente propio y a la resignación. Gracias a la escasa educación que su hermana pequeña pudo proporcionarle y como única vía de escape a sus sentimientos, escribe a modo de diario, cartas a Dios como único destinatario.

Encontramos la lucha de una mujer, de una raza, por sobrevivir en un entorno racista en el que la misoginia y el machismo son una realidad normalizada y en el que el abuso de poder está a la orden del día.
También y aunque parezca difícil, encontraremos amor, esperanza, respeto y hasta risas.

El color púrpura es una novela de justicia social, esconde entre sus páginas una gran crítica a la sociedad, tanto en la que está ambientada como en la que fue escrita.

Merecedora del premio Pulitzer que le otorgaron a Alice Walker en 1983.



JÓLABÓKAFLÓD - La nochebuena Islandesa de los libros


JÓLABÓKAFLÓD es el nombre que se le da a la tradición islandesa de pasar la nochebuena y el día de navidad, leyendo. 

En Islandia, en el mes de Diciembre, el porcentaje de ventas de libros se dispara. Hasta aquí, todo normal, ya que es frecuente que en todos los países desarrollados el número de ejemplares de libros físicos vendidos se eleve en las fechas previas a la navidad y durante todas las fiestas. Pero en Islandia, es diferente. 

La tradición nace a partir de la Segunda Guerra Mundial, momento en el que Islandia sufre un severo aislamiento debido a la imposibilidad de la importación y exportación de productos, ocasionado en parte, por su localización. 
De las pocas cosas en las que el país era pudiente era en la fabricación de papel y siendo un lugar de gran tradición literaria y cultural, nació la propuesta de regalar libros en esas fechas.

Los Islandeses reciben en sus casas en el mes de Noviembre, un catálogo anual, llamado bókatíðindi con todas las novedades literarias que podrán encontrarse en las librerías, para que puedan ir tomando nota de los regalos que harán a sus amigos y familiares.

Regalarse libros el 24 de diciembre es algo habitual, como lo es pasarse las vacaciones leyendo, se considera un momento de recogimiento, de disfrute personal y familiar. 

¡Para cualquier ávido lector, Islandia se convierte en un destino paradisíaco en estas fechas!, ¿A quien no le gustaría cambiar la tradicional cena de nochebuena por una tranquila noche navideña con todas las aventuras que te proporciona una buena lectura?

¡Hagamos las maletas, todavía no es demasiado tarde!

Esta navidad regala libros.



La navidad ya está aquí, apenas quedan un par de días para nochebuena y para abrir los regalos bajo el árbol, el 25 de diciembre.

¡Pero todavía hay muchos Noeles y Santas despistados a los que nos ha pillado el toro un año más!

Que no cunda el pánico, esta navidad, regala libros.

Regalar libros, más que una opción debería ser una obligación, es el mejor momento del año para relajarse y descubrir el amor por la lectura, o volver a ella. Es el momento de inculcar una costumbre a los más pequeños de la casa, ayudarlos a desarrollar un hábito, el de leer.

"La persona que lee vivirá todas las vidas de sus protagonistas, aquel que no, sólo una."
A continuación, mi lista de recomendados para regalar en estas fiestas:


INFANTIL
  • Juanita, Itziar & Jorge Miranda (Colección Miranda), Edelvives.
  • Mamá, Mariana Ruíz Johnson, Kalandraka.
  • El niño estrella, Rachel Hausfater-Douïeb, Edelvives.
  • A Estrela de Oriente, Pemón Bouzas, Xerais (Lectura en galego).
JUVENIL

  • Harry Potter y la piedra filosofal, J.K. Rowling, Salamandra.
  • Una corte de niebla y furia, Sarah J. Maas, Planeta.
  • Lágrimas en el mar, Ruta Sepetis, Maeva.
  • La espada de cristal, Victoria Aveyard, Océano Gran Travesía.






NOVELAS RECOMENDADAS

  • La amiga estupenda, Elena Ferrante, Lumen.
  • Los ángeles de hielo, Toni Hill, Grijalbo.
  • Los últimos días de Adelaida García Morales, Elvira Navarro, Literatura Random House.
  • Piel de lobo, Lara Moreno, Lumen.
  • El hombre que inventó Madrid, Javier Puebla, Algaida.
  • El carmín y la sangre, Montero Glez, Algaida.

CÓMIC & ILUSTRACIÓN
  • Marilyn tenía 11 dedos en los pies, María Herreros, Lunwerg.
  • La Sed, Paula Bonet, Lunwerg.
  • MAUS, Art Spiegelman, Pantheon Books.







La reedición de los clásicos de Enid Blyton


La reedición de los libros clásicos infantiles es algo que inevitablemente tenemos que aprender a aceptar los que padecemos el terrible síndrome de la nostalgia. El cambio de las cubiertas, su diseño, las ilustraciones, son un ejemplo del cambio estético que sufren los libros para asegurar su longevidad en el mercado, renovarse o morir. El ojo crítico de un niño recurrirá siempre a lo moderno como sinónimo de divertido y rechazará lo clásico que relacionará de aburrido. Es comprensible y es lógico.
Pero algo está pasando más allá del cambio físico en algunas sagas o colecciones, como en este caso, los famosos cuentos de Enid Blyton y sus historias de Los siete secretos o Los cinco, que han sido "víctimas" de la corrección política y la adaptación lingüística a nuestro tiempo. Esta medida hace que me pregunte si es realmente necesaria o si estamos empeñados en edulcorar hasta la saciedad el entorno de los más pequeños para mantenerlos en una burbuja sobreprotectora.



Enid Blyton en su casa, 1952


Hoy, recuerdo pasear por la sección de librería de unos grandes almacenes en compañía de mi padre y su cara de estupor al encontrarse con los libros de su niñez editados con las portadas clásicas y mismo formato como cuando él los había leído, inmediatamente con un ejemplar ya en la mano, me dijo que me iban a encantar, y así fue. Me enganché tan rápido a Los Cinco que acabaron por regalarme toda la colección y cada noche antes de dormir fantaseaba que era una de ellos a cada renglón leído. 

Sin embargo, los descendientes de la autora han accedido a cambiar el texto y a suavizar los matices que podían fomentar una conducta inapropiada en los niños o impresionarlos indebidamente. Además de adaptar el lenguaje literario en función de facilitar su lectura.
No puedo evitar no estar de acuerdo con esta iniciativa, si bien es cierto que la narración pulcra y la visión limpia y ordenada de Blyton con su idealización de la infancia y la sociedad, tiende a inclinarse hacia una estructura patria y un punto de vista conservador. En contrapunto expone a sus personajes a situaciones arriesgadas y potencialmente peligrosas creando una atmósfera de aventura que todo niño quisiera vivir.
Intervenir en el texto de un autor con el pretexto de tomar precauciones, no me parece la manera más correcta de abordar un problema que principalmente es social, no literario. Me suena a medida inquisitorial que queriendo ser transgresora, se queda en censura. "Corregir" una novela por su contenido políticamente incorrecto es más un insulto a la obra, al autor de la misma y a su propio contexto histórico. Si hiciésemos borrón y cuenta nueva con todas las obras con las que no estamos de acuerdo, nos quedaríamos sin literatura.
Por no hablar de la adaptación del lenguaje, idea increíblemente absurda en el caso de Blyton, escritora cercana en línea temporal (ni 100 años han pasado de su muerte) y que en ningún caso es imprescindible masticarles y escupirles cual pájaro a sus crías, las palabras a los niños para su comprensión. Estamos idiotizando a las generaciones futuras y arrebatándoles el ingenio de discurrir y entrenar el cerebro ante las dificultades que puedan encontrarse.

Vivimos en una sociedad constantemente ofendida y lo pagamos con la literatura infantil. Dejad que los niños lean lo que quieran, pero por favor, que lean.